Tuve el placer de disfrutar de vacaciones neoyorquinas, LA ciudad alimenticia.
Y encima, durante mi estadía, se celebraba la llamada "restaurant week" (mal nombrada así x el simple hecho de durar 15 días en lugar de siete).
Pero lo que nos importa es la comida, y a eso encaro. Lo que propone esta suerte de celebración es que los restaurantes que adhieran a la convocatoria (se estima que el 65 por ciento lo hace) ofrezcan un menú de 4 pasos a un precio fijo que ronde los 25 dólares, y la idea principal es que los newyorkers puedan conocer distintos espacios gastronómicos.
Justo coincidió con mis días en la Gran Manzana, y tuve la oportunidad de ir a un restaurante con comida del medio oriente, más específicamente de Yemen(¿Yemení? ¿O será yemenita?).
Poco sentido tendría elaborar un comentario recomendando el lugar ya que implicaría caer en un elitismo poco provechoso, al mejor estilo La Nación cuando reseña restaurantes escondidos en Punta del Este, pero sí quiero destacar un aspecto para todos los amantes de la comida: La Sopa.
Soy un gran amante de las sopas, las disfruto sobre todo en invierno (a diferencia del helado, que elijo comerlo todo el año, considero a la sopa básicamente "estacional"). Y he aquí un aspecto que le suma muchos puntos: agregarle un poco, un detalle, un mínimo de cebollas fritas bien pasadas, casi negras, acarameladas, para que le de un toque dulzón al brebaje.
Prueben y después me comentan.
16.2.09
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